Un plan de iluminación suele empezar eligiendo luminarias y ahí termina. Sin embargo, lo que decide el uso diario no suele ser la luminaria sino lo que la gobierna: de qué lado de la puerta está el interruptor, si hay que buscarlo a tientas en la oscuridad, si la luz del pasillo se enciende sola. Esta guía trata esa capa de la instalación.
El conmutador: una misma lámpara desde dos puntos
Un interruptor simple gobierna una lámpara desde un solo punto. El conmutador permite encender y apagar la misma lámpara desde dos puntos distintos: encender al pie de la escalera y apagar arriba es el ejemplo clásico.
En pasillos largos, en habitaciones con dos puertas y en el dormitorio (en la puerta y en la cabecera), el conmutador es lo habitual. Añadirlo después obliga a abrir la pared, de modo que se decide en la fase de proyecto.
Si hace falta gobernar desde tres puntos o más, entra el conmutador de cruce; el cableado es entonces distinto y conviene hablarlo de antemano con el electricista.
Número de enchufes: se planifica por el mobiliario
La planificación de enchufes sigue al mobiliario, no a las paredes. Detrás del mueble del televisor, junto al escritorio, a ambos lados de la cama: si esos puntos no se fijan antes, se acaban resolviendo con un alargador y se resienten tanto el aspecto como la seguridad.
Como criterio general de partida, al menos un grupo de enchufes por pared en cada habitación y grupos dobles o triples en los puntos de uso intenso. En la cocina, los enchufes sobre la encimera se cuentan aparte: los pequeños electrodomésticos se usan a la vez.
La altura de montaje sigue al uso. Para enchufes generales, 30–40 cm desde el suelo es la práctica habitual; sobre la encimera, 15–20 cm por encima de ella.
Sensor: atar la luz a una condición
Un sensor de movimiento enciende la lámpara cuando hay alguien y la apaga al cabo de un tiempo fijado. En pasillos, escaleras, trasteros y garajes —lugares que solo se atraviesan— aporta comodidad y ahorro a la vez; una lámpara que espera a ser apagada a mano puede lucir horas.
El sensor crepuscular, en cambio, no mira el movimiento sino el nivel de luz ambiente: enciende al caer la oscuridad y apaga cuando aclara. En iluminación de jardín y fachada evita ajustar a mano una hora de puesta de sol que cambia con la estación.
La distancia y el ángulo de detección dependen de la altura de montaje. Un sensor montado demasiado alto puede perderse el movimiento cercano; montado demasiado bajo se dispara sin necesidad.
¿Empotrado o de superficie?
El montaje empotrado exige una caja dentro de la pared y solo se ve la tapa del interruptor; es la práctica habitual en obra nueva y en reforma.
Los modelos de superficie se montan directamente sobre la pared existente y no exigen roza. Se prefieren para un enchufe o interruptor añadido después, en paredes de madera y piedra, y en usos temporales.
Posición del interruptor: no donde se busca a oscuras
La altura del interruptor y su distancia a la puerta fijan un gesto que se repite decenas de veces al día. La práctica habitual es 105–115 cm desde el suelo y 10–15 cm del cerco de la puerta: ahí cae de forma natural la mano que abre la puerta.
El sentido de apertura de la puerta también cuenta: si el interruptor queda del lado hacia el que la puerta abre, la puerta abierta lo tapa. Si ese detalle se pasa por alto en el proyecto, corregirlo después obliga a abrir la pared.
Por accesibilidad, una altura menor (90–100 cm) facilita el uso en silla de ruedas. En una vivienda es una elección; en edificios de pública concurrencia, un requisito.
Dividir el circuito: que no esté todo en un interruptor
Llevar toda la iluminación de una habitación a un solo interruptor es la solución más fácil, pero la que más limita el uso diario: luce la misma luz para ver una película que para limpiar.
Cuando la iluminación general, la de acento y la decorativa van en circuitos separados, la habitación admite más de una forma de uso. Con la luminaria de techo, los apliques y la luz oculta en tres interruptores, un salón ofrece tres ambientes distintos.
La separación de circuitos no se puede hacer después: se decide durante el cableado. Por eso el plan de iluminación debe establecer qué grupos se encenderán juntos antes de elegir ninguna luminaria.
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